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viernes, 28 de octubre de 2011

EL VISITANTE DE LA PLAZA.

Corría el año 2003. Mi novia de aquél año-actual esposa- y yo, salimos a caminar a una plaza del centro de la ciudad de San Martín, aquí, en mi Mendoza querida. Eran cerca de las nueve de la noche. Nos sentamos en un banco. Charlábamos. En eso, se acerca un hombre, de saco marrón claro, sombrero(¿siendo la noche?...) y andar pausado. Nos dice--Buenas noches...(con evidente acento chileno), les voy a recitar un poema de Pablo Neruda...."Eres callada...calla...(no lo recuerdo bien, pero es conocido)....y luego me dice a mi.---Ella tiene buena comunicación con los libros de Neruda, y tu, recuerda este aforismo de Beltrom Bretch..."Hay hombres, que luchan una semana, y son buenos...hay otros que luchan, meses, y son mejores....Otros, luchan años, y son muy buenos...poro los hay que luchan, toda la vida, y esos son imprescindibles..."Al decirnos todo esto, continuó diciendo--Ahora sólo les pido un peso para comprar un vino....Lo miramos sorprendidos. Nunca me voy a olvidar de este hombre. Le di el dinero, y saludó con amabilidad. Para sorpresa de nuestra vida, pasaron unos dos o tres meses, mas o menos, y pasó por mi casa(En San Martín, por aquellos años), y hablando algo que no recuerdo, nos dijo - a mi madre y a mi- que era chileno y profesor de castellano. No lo olvido, y como este mundo es tan extraño y fantástico, quizás, él o algún pariente pueda leer esto y se comunique conmigo. Estoy seguro que era un buen hombre, y muy culto. Esa seguridad que da la intución. Y por cierto, como una vivencia más que se tiene en la vida, como crónica de mi ciudad. Una más en este territorio de lo ignorado y lo maravilloso. Sobre todo, cuando uno lo valora y como en este caso, le gusta esccribirlo.¿No?.

lunes, 3 de octubre de 2011

MI PERRO QUE DESPIDE A UN AMIGO....

Mingo, era el perro grisáceo, bueno, inteligente, de nuestra familia por los años ochenta. Siempre, cuando nos visitaba Fernando, un amigo de la familia, él-perro, amable- se le acercaba y era acariciado. Eran amigos. Lo acompañaba por el patio de mi casa. Se le echaba cerca de su sillón y lo acompañaba. Así, por años. Un día, Fernando no vino a nuestra casa. Lo solía hacer todos los días. ¿Qué pasó?....un ataque cerebro-vascular, lo sorprendió la noche anterior. Falleció. Mi novia de esos años-hoy mi esposa- mi madre y una vecina, fuimos a la mañana siguiente al velorio. Mingo, nuestro querido animal, acompañó a mi madre, durante diez cuadras. Y entró a la casa de sepelios. Nuestro can entró al salón. Miró el ataúd. Enseguida, se echó debajo del mismo. El hermano del occiso, lo quiere sacar del lugar, con gesto adusto y molesto. La vecina nuestra, que había ido al velorio le dice--No lo saque....¿sabe?...este perro estuvo con Fernando todos los días, y hasta ayer con su hermano....Entonces, se quedó sin decir nada, y dejó que se quedara. Claro, porque un amigo despedía a otro amigo.....Mingo a Fernando.