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sábado, 17 de agosto de 2013

NUEVA VISITA AL PARQUE GENERAL SAN MARTÍN.

Preparo la mochila. Mate, bananas y tres libros. Voy a pasar el famoso pic-nic, conmigo mismo. Consigo sismo. En una zona de terremotos, temblores y otras yerbas. Ah....me tomaré unos matecitos. Y cuando voy caminando por cerca de la cárcel...¡zaz!...un auto choca detrás, a otro. Huaa!. Unos policías de la cárcel, están con un celular metiendo a un recluso, que parece se había escapado, o algo así. Lo traían al penal.  El hombre que es chocado por el otro, saca un palo, del auto, y le pega al parabrisas del  coche que lo atropelló...Uyy!....¡que despelote!.
El policía mira a su colega y ve que al ver este incidente- se distraen- se les escapa el reo. Se va no más, por una calle, corriendo...La gente mira, azorada.
El poli lo agarra al tipo que  agrede al automovilista, que sigue golpeando al auto, y quiere pegarle al otro hombre y le grita:
--¡Ahora te pongo las esposas a vos,..porque el preso se escapó!...¡marchá vos a la cárcel!...¿qué haces con el auto?...´¿y encima le quieres pegar al hombre que viene con una mujer y su hijito?....
Lo agarra la policía. Yo me había quedado mirando cerca de un árbol. Otro agente me ve, y me pide que pase, que no  hay problema.
--Amigo....esto pasa todo el tiempo....¿lleva alguna pizza ahi?...¡tengo hambre!...
Me rio, y sigo caminando. Al pasar por otra calle, le regalo un aforismo a una fémina. Dice "Nunca digas, nunca; jamás, digas, jamas".
--Es que yo escribo y lo regalo ya que no vendo...
Le digo. Me agradece; es amable.
Al  llegar al Parque me tiro cerca de una palmera. Miro el predio Me siento pleno. Lloro. Si. Me emociono por lo que vivo cada día. Me digo "Observo el vacío de mi mirada, y espero, cada madrugada"....Sigo viviendo la poesía, como nunca en mi vida. ¿Qué pasa en mi?. Vivo, miro, amo, siento, y hasta me doy el lujo de pasarla mal, estando bien. Y bien, estando mejor. Todo esto y espero mucho más....sin esperar.
Después, leo a Osho. ¡Que grosso que es Osho!. Hermoso lo que dice de la felicidad, de los estados de ser. Leo también el libro de Arthur Handley, "Hotel". Es de los setenta, pero igual, vale. Leo algo de astronomía. Mientras tanto relojeo a cinco chilenas que están a unos diez metros de mi, en el predio. Observo a una. Pienso "le voy a regalar el otro aforismo que tengo". Termino el mate, y me levanto. Al acercarme  a ellas, con la mochila les digo:
--Yo escribo aforismos. Te elegí a vos y quiero que les quede un recuerdo argentino, a ustedes, que son chilenas...¿no?.
--Si, gracias!
Dice una de las cinco. La elegida para el aforismo, también agradece mientras me mira, algo asombrada. Agrego:
--Copiénlo para que lo tengan. Adios!
Me voy caminando por cerca de los portones, -que están en refacción, junto a la parte de enfrente de la Emilio Civit, que da a  la entrada del Parque- y llego a mi barrio. Aunque usted no lo crea. De Ripley. En la dimensión desconocida,  y cocida con largos hilos de plata, cobre y oro...


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